Selección poesía medieval




Acaso allí estará, cuatro costados
Bañados en los mares, al centro la meseta
Ardiente y andrajosa. Es ella, la madrastra
Original de tantos, como tú, dolidos
De ella y por ella dolientes.

Es la tierra imposible, que a su imagen te hizo
Para de sí arrojarte. En ella el hombre
Que otra cosa no pudo, por error naciendo,
Sucumbe de verdad, y como en pago
Ocasional de otros errores inmortales.

Inalterable, en violento claroscuro,
Mírala, piénsala. Árida tierra, cielo fértil,
Con nieves y resoles, riadas y sequías;
Almendros y chumberas, espartos y naranjos
Crecen en ella, ya desierto, ya oasis.

Junto a la iglesia está la casa llana,
Al lado del palacio está la timba,
El alarido ronco junto a la voz serena,
El amor junto alodio, y la caricia junto
A la puñalada. Allí es extremo todo.

La nobleza plebeya, el populacho noble,
La pueblan; dando terratenientes y toreros,
Curas y caballistas, vagos y visionarios,
Guapos y guerrilleros. Tú compatriota,
Bien que ello te repugne, de su fauna.

Las cosas tienen precio. Lo es del poderío
La corrupción, del amor la no correspondencia;
y ser de aquella tierra lo pagas con no serIo
De ninguna: deambular, vacuo y nulo,
Por el mundo, que a Sansueña y sus hijos desconoce.

Si en otro tiempo hubiera sido nuestra.
Cuando gentes extrañas la temían y odiaban,
y mucho era ser de ella; cuando toda
Su sinrazón congénita, ya locura hoy,
Como admirable paradoja se imponía.

Vivieron muerte, sí, pero con gloria
Monstruosa. Hoy la vida morimos
En ajeno rincón. Y mientras tanto
Los gusanos, de ella y su ruina irreparable,
crecen, prosperan.

Vivir para ver esto.
Vivir para ver esto.





¡Abril galán venía, todo
lleno de flores amarillas...
amarillo el arroyo,
amarilla la senda, la colina,
el cementerio de los niños,
el huerto aquel donde el amor vivía!

El sol ungía el mundo de amarillo
con sus luces caídas;
¡oh por los liros áureos,
el agua clara, tibia!,
¡las amarillas mariposas
sobre las rosas amarillas!

Guirnaldas amarillas escalaban
los árboles: el día
era una gracia perfumada de oro
en un dorado despertar de vida...
Entre los huesos de los muertos,
abría Dios sus manos amarillas. 
           (de Poemas mágicos y dolientes)

Comentario sobre el contenido de este poema

LA CUANTIFICACIÓN Y LOS CUANTIFICADORES

Cuantificar es expresar la medida de algo. Este proceso puede llevarse a cabo bien numéricamente (tres flores), bien con otras formas de estimación menos precisas (mucho calor, comer poco).
Las nociones que se cuantifican son de tres tipos: individuos (entidades que se pueden enumerar, designadas por sustantivos contables: dos libros); materias o sustancias (entidades que no se pueden enumerar), denotadas por sustantivos no contables (mucha agua); propiedades o procesos, expresados a través de adjetivos (más alta) o verbos (Vivió mucho).
Se consideran cuantificadores aquellas palabras que expresan léxicamente cantidad. Constituyen una clase semántica de carácter transversal, que agrupa palabras pertenecientes a distintas categorías gramaticales, como sustantivos (una docena de huevos), adjetivos (los primeros días), determinantes (pocos libros), pronombres (Nadie lo sabe) o adverbios (más lejos).

CLASES DE CIANTIFICADORES

Atendiendo a su contenido, los cuantificadores se clasifican en numerales, cuando establecen algún tipo de cómputo basado en los números naturales, y no numerales, cuando la cuantificación se hace por otros procedimientos.
§  Los numerales se subdividen en cardinales (dos), ordinales (segundo), fraccionarios (medio) y multiplicativos (doble).
§  Los no numerales pueden ser fuertes o universales, como ambos, cada, todo, que abarcan la totalidad de los miembros de un conjunto, y débiles o indefinidos, divididos, a su vez, en existenciales (alguno, nada), de indistinción (cualquiera) y evaluativos (muchos, bastantes). Se asimilan  a los cuantificadores débiles los determinantes y adverbios comparativos (más libros que él, menos caro que antes).
Fuente: Gramática de la lengua española, RAE.

FUTURE SIMPLE

Future Simple